
Conversamos con Luis Dávila Banda, coordinador de I+D+i del Colegio Reina del Mundo, quien nos cuenta cómo están integrando la inteligencia artificial en la institución con propósito pedagógico claro, qué hay detrás de los agentes de IA personalizados que han desarrollado para cada área curricular, y por qué, en medio de esta transformación tecnológica, lo que orienta cada decisión sigue siendo la formación integral de la persona.
VISIÓN Y PUNTO DE PARTIDA
¿Cómo nació este proceso de transformación digital en el Colegio Reina del Mundo? ¿Cuál fue el punto de partida?
Lo primero es entender que estamos viviendo cambios acelerados y estructurales impulsados por la inteligencia artificial. Cambios que no son pasajeros ni opcionales: están llegando a las aulas, a los trabajos, a la manera en que tomamos decisiones.
Y frente a eso, la pregunta que nos hicimos no fue tecnológica, sino pedagógica: ¿cómo queremos responder como institución y qué tipo de educación queremos ofrecer en este nuevo escenario? Muchas instituciones se preguntan qué herramienta incorporar, qué plataforma adoptar. En el colegio nos preguntamos algo distinto: ¿cómo podemos mejorar el aprendizaje en un mundo que ya no es el mismo?
Y esa pregunta no la respondimos solos. Fue una reflexión institucional: con el equipo directivo, con el Comité TIC con el que venimos trabajando desde el año pasado, con los docentes en los talleres formativos, con quienes conocen de cerca a los estudiantes. El proceso nació de ahí: de querer ser coherentes con nuestra identidad educativa y con el tipo de persona que queremos formar. No de una presión externa ni de una tendencia. Porque si partes de la herramienta, la pedagogía queda subordinada. Si partes de la intención pedagógica, la tecnología encuentra su lugar justo.
¿Cuál es la visión que orienta el proceso? ¿Hacia dónde apunta la institución?
La imagen que guía el proceso es la de un estudiante que, cuando se enfrenta a un problema que nadie le ha enseñado a resolver, sabe pensar. Sabe investigar, contrastar, decidir, colaborar y asumir responsabilidad por sus decisiones. Eso es lo que el colegio busca formar. No un usuario experto en aplicaciones, sino una persona capaz de navegar la complejidad con criterio y con valores.
La inteligencia artificial, bien integrada, contribuye a ese propósito. Permite dar retroalimentación más precisa, personalizar con más finura y diseñar experiencias más ricas. Pero siempre en función de esa imagen, siempre al servicio de esa persona. Ese es el norte que no cambia, sin importar qué tecnología aparezca mañana.
LOS AGENTES DE IA PERSONALIZADOS
Uno de los elementos más distintivos de la propuesta son los agentes de inteligencia artificial personalizados para cada área curricular. ¿En qué consisten y cómo surgieron?
Surgieron de una necesidad muy concreta. Los docentes tienen frente a ellos un grupo heterogéneo de estudiantes, con ritmos distintos, con puntos de partida distintos, y se les pide que planifiquen sesiones que atiendan esa diversidad sin perder el rigor curricular. Eso es una demanda importante. Y la pregunta que nos hicimos fue: ¿cómo puede la IA acompañar ese proceso sin reemplazar el juicio del docente?
Los agentes son asistentes configurados específicamente para cada área curricular, cada nivel y cada grado. No son genéricos. Un agente de matemática de cuarto de primaria no funciona igual que uno de comunicación de segundo de secundaria. Cada uno trabaja con los estándares del Currículo Nacional, los procesos didácticos propios del área y los desempeños esperados para ese grado. Y están alineados con la identidad pedagógica institucional.
Los agentes no planifican en lugar del docente. Lo acompañan. Le ofrecen una estructura sólida que él puede enriquecer, ajustar o reorientar según su criterio.
¿Cómo se ajustan estos agentes a las características específicas de los estudiantes?
Ahí está la diferencia entre personalización real y personalización de catálogo. Cada agente ha sido configurado considerando los perfiles de los estudiantes de ese nivel: sus formas predominantes de aprender, los tipos de tareas que más los desafían, los momentos en que la diferenciación resulta más necesaria, las virtudes y obras incidentales del grado y/o ciclo. No le decimos al agente solo qué enseñar. Le decimos a quiénes se lo enseñamos. En resumen, eso se llama redactar las instrucciones teniendo en cuenta todo el contexto del aula.
Eso se traduce en propuestas de sesión de aprendizaje que incorporan, de manera estructural, estrategias de diferenciación pedagógica. El agente no genera una sesión genérica que el docente luego adapta: genera una sesión que ya parte de la diversidad del aula. Los tres principios del Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) están integrados en cada propuesta: múltiples formas de implicar al estudiante, múltiples formas de representar el contenido y múltiples formas de que cada uno demuestre lo que aprendió. El DUA no es un añadido: es parte de la arquitectura del agente. Y lo interesante de todo esto es que ya te da el resultado en el formato propio del colegio.
¿Cómo fue la recepción de los docentes cuando empezaron a trabajar con estos agentes?
Hubo de todo, como en cualquier proceso genuino. Algunos llegaron con entusiasmo, otros con escepticismo sano, otros con algo de recelo. Y eso está bien. El recelo es una señal de que alguien piensa antes de adoptar. Lo que notaron es que, cuando el agente realmente les ayuda a hacer mejor su trabajo y resulta práctico y funcional, la resistencia desaparece sola.
Lo que más valoraron fue la coherencia. El agente no propone cosas ajenas a lo que ya hacen. Propone estructuras que reconocen como buenas, que respetan su manera de enseñar y que les libera tiempo para lo que ningún agente puede hacer: conocer a sus estudiantes, leerles la mirada, saber cuándo un estudiante necesita más paciencia o más desafío. Eso es saber contextualizar al agente de IA. Pero, tampoco es que nos emocionemos y todos ya son expertos de la noche a la mañana, esto toma su tiempo y la integración de la IA debe ser progresiva pero siempre con acompañamiento.
ÉTICA, PRIVACIDAD Y USO RESPONSABLE
Hablemos de ética en el uso de la IA. ¿Cómo lo están abordando en el colegio?
Es un tema que no podemos ni queremos evitar. Integrar inteligencia artificial en una institución educativa es una decisión ética antes que tecnológica. Y en el colegio la hemos asumido como tal, con la misma seriedad con que se aborda cualquier otra dimensión de la formación de los estudiantes.
Desde el inicio se establecieron principios que no son negociables. El primero y más importante: la privacidad de los estudiantes es sagrada. Ningún agente ni herramienta que usamos procesa datos personales identificables sin los controles correspondientes. La información sensible no alimenta modelos externos ni sale del entorno institucional. Eso no es solo una política: es una práctica que se verifica.
Integrar inteligencia artificial en una institución educativa es una decisión ética antes que tecnológica. Y la hemos asumido como tal.
¿Cómo se prepara a los docentes para que usen la IA de manera responsable y no dependiente?
Ese es uno de los focos más importantes de la formación. Los docentes usan la IA con criterio: conocen sus límites, saben que la IA no piensa ni razona como el ser humano, interpretan con juicio lo que genera y evalúan cada resultado antes de incorporarlo a su práctica. Un docente que cuestiona lo que le propone un sistema de IA es un docente sólido. Y un estudiante cuyo docente actúa con esa solidez está doblemente protegido.
En los procesos de formación trabajamos la comprensión crítica de la inteligencia artificial: cómo funcionan estos sistemas, qué sesgos pueden tener, cómo interpretar sus respuestas y cuándo confiar en ellas y cuándo no. No es una formación técnica o instrumentalista en el sentido computacional. Es una formación crítica en el sentido pedagógico y ético, que es donde realmente se necesita estar fuerte.
Y hay un principio que se repite constantemente: la supervisión humana siempre. Ningún proceso que afecte el aprendizaje o la evaluación de un estudiante puede delegarse completamente a un sistema automatizado. El docente siempre valida, siempre decide. La IA informa; la persona juzga.
EL PROCESO DE FORMACIÓN DOCENTE
El colegio está en plena fase de formación docente. ¿Qué está ocurriendo en este proceso y qué se está construyendo?
Lo que se observa en esta etapa es algo valioso: docentes que están empezando a hacerse preguntas que antes no se hacían con esta profundidad. No solo sobre tecnología, sino sobre su propia práctica. ¿Cómo integro el DUA en esta sesión? ¿Las instrucciones de mi agente consideran las virtudes y las obras incidentales que quiero cultivar en mis estudiantes? ¿Los procesos didácticos de mi área están realmente presentes en mi planificación? ¿En mi área usamos esta metodología y este libro, cómo lo incorporo en las instrucciones de mi agente? Esas preguntas son el fruto de un proceso de formación que va mucho más allá de aprender a usar una herramienta.
Estamos formando a los docentes en la creación de agentes de IA desde cada área, tomando en cuenta el CNEB, la pauta DUA, las virtudes, los procesos didácticos y estrategias metodológicas particulares de las áreas y las características de los estudiantes de cada ciclo. No se trata de generar cualquier agente: se trata de generar uno que realmente conozca a quién va a acompañar.
LA DIMENSIÓN HUMANA
A lo largo de esta conversación hay algo que aparece de manera constante: la dimensión humana, los valores, la formación integral. ¿Por qué eso es central en un proceso de transformación digital?
Porque es lo único que realmente trasciende. Las herramientas pasan. Los modelos de lenguaje de IA, como ChatGPT, Gemini o Claude, se actualizan constantemente. Los proyectos que hoy entusiasman serán superados por otros. Pero lo que se forma en una persona, en su carácter, en su manera de relacionarse con el mundo, en sus valores, en su capacidad de servir a los demás, eso no pasa.
En Reina del Mundo está muy claro que la integración de la IA es una parte del camino, pero no el destino. Lo esencial sigue siendo la formación integral: los valores que se cultivan cada día, las virtudes que se desarrollan con paciencia y con ejemplo, las obras incidentales que ocurren en el aula cuando un docente está realmente presente con su estudiante. Eso es lo que define al colegio y es su sello. Eso es lo que los estudiantes llevan consigo cuando salen.
La tecnología nos acompaña. Pero la formación integral es lo que realmente trasciende. Es lo que convierte a nuestros estudiantes no solo en competentes, sino en personas buenas.
Y esa claridad es lo que protege el proceso. Cuando se tiene claro para qué se educa, no se pierde el rumbo con cada novedad tecnológica. No se adopta tecnología por adoptar. Se innova porque se cree, genuinamente, que puede ayudar a formar mejor a los estudiantes. Y eso cambia todo.
Quiero agradecer al Grupo Educación al Futuro y a la Guía de colegios por el espacio brindado. Este tipo de conversaciones ayudan a nombrar lo que estamos construyendo, a ver el camino con más claridad y a seguir adelante con más convicción. Ojalá lo compartido aquí resulte útil a quienes están transitando procesos similares. Al final, todos estamos aprendiendo. Y eso, en educación, siempre es una buena noticia.

