La inteligencia artificial en la educación privada

Entre la gestión estratégica y la transformación pedagógica

La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa futura para convertirse en una realidad que interpela directamente a las instituciones educativas. En el contexto de la educación privada, su incorporación plantea desafíos y oportunidades que no solo impactan en el aula, sino también en la gestión institucional, la toma de decisiones directivas y la identidad pedagógica de los colegios. En este artículo, el autor analiza los resultados de la encuesta sobre la situación de la educación privada y el uso de la IA, desarrollada en diciembre último a 45 directores de colegios.

Por Luis Dávila B.

En este escenario de cambio acelerado, resulta clave observar cómo las instituciones educativas privadas están comprendiendo, incorporando y gestionando la inteligencia artificial (IA) en su quehacer cotidiano. Las miradas se concentran, por un lado, en las decisiones estratégicas que toman los equipos directivos en términos de liderazgo, organización, administración y proyección institucional y, por otro, en lo que ocurre en el aula, donde la IA comienza a influir en las prácticas docentes, los procesos de enseñanza, la formación profesional y la experiencia de aprendizaje de los estudiantes.

Más allá de la simple adopción tecnológica, lo que emerge es una pregunta de fondo: ¿qué nos revelan estas decisiones y prácticas sobre el nivel de madurez digital de las instituciones educativas? Analizar este proceso permite comprender no solo cómo se está gobernando la IA dentro de los colegios, sino también qué condiciones se están creando para que su uso sea pedagógicamente pertinente, éticamente responsable y verdaderamente transformador del aprendizaje.

1. La IA desde la gestión institucional: liderazgo, gobierno y toma de decisiones

Los resultados de la encuesta muestran que la incorporación de la IA en los colegios privados es reciente y progresiva. Un 32 % de las instituciones inició acciones en 2025 y un 25 % en 2024, mientras que un 25 % señala que aún no aplica iniciativas vinculadas a IA. Este dato sitúa a la mayoría de los colegios en una fase temprana de implementación, más cercana a la exploración que a la consolidación.

En cuanto al nivel de familiaridad con herramientas de IA generativa, se observa una base favorable: el 43 % se considera “algo familiarizado” y el 35 % “muy familiarizado”. Sin embargo, cerca de una quinta parte aún se declara poco o nada familiarizada. Esta distribución revela una brecha interna de conocimiento que, desde la gestión, puede traducirse en decisiones desiguales, uso fragmentado o dependencia de iniciativas individuales.

Respecto al clima institucional, predominan el entusiasmo (32%) y la cautela (36%), lo cual es una combinación saludable en procesos de innovación. No obstante, resulta especialmente significativo que el 21% indique que el tema aún no se ha discutido institucionalmente. Desde una perspectiva directiva, este silencio no es neutro: cuando no hay conversación formal, la IA suele ingresar de manera informal, sin criterios compartidos ni lineamientos claros.

La percepción de la IA es mayoritariamente positiva. El 86% la considera una oportunidad de innovación y el 68% un recurso de apoyo docente. Ningún directivo la percibe como sustituto del profesor, lo que evidencia una comprensión alineada con una visión humanista de la educación. Sin embargo, un 11% ya advierte riesgos éticos o de plagio, señalando la necesidad de políticas claras de uso responsable.

En relación con el liderazgo de los procesos de formación en IA, la dirección asume el rol principal (50%), seguida por la coordinación académica (21%). La baja presencia de asesoría pedagógico-tecnológica y la existencia de instituciones sin liderazgo definido (11%) sugieren que, aunque hay voluntad directiva, falta una estructura técnica intermedia que garantice sostenibilidad, acompañamiento y coherencia pedagógica.

Finalmente, la IA comienza a abrirse paso en ámbitos como marketing (36%) y administración (21%), lo que confirma que su impacto no se limita al aula. Sin embargo, estos usos aún parecen periféricos y no necesariamente integrados a una visión estratégica institucional.

2. La dimensión pedagógica: uso docente, áreas curriculares y formación

Desde el plano pedagógico, los datos revelan una adopción heterogénea. En la mayoría de las instituciones, menos del 50 % de los docentes utiliza herramientas de IA en sus clases, y solo un 14 % reporta un uso superior al 75 % del profesorado. Esto indica que la IA todavía se mueve en lógicas de docentes pioneros o experiencias aisladas, más que como una práctica generalizada.

Las áreas donde se observa mayor uso son Ciencia y Tecnología (68 %), seguida de Comunicación (46%), Ciencias Sociales (43 %), Matemáticas (39 %) e Idiomas (36 %). Este patrón sugiere que la IA ingresa primero en espacios curriculares donde el trabajo por proyectos, la investigación o la producción de contenidos facilitan su integración. En cambio, áreas tradicionalmente más estructuradas requieren mayor acompañamiento didáctico para resignificar su uso.

En cuanto a la formación docente, el 57 % de las instituciones ha brindado capacitaciones o talleres sobre IA educativa en 2025, pero un 36 % aún no lo ha hecho. Este dato explica, en parte, el uso desigual observado en el aula: sin formación sistemática, la IA se percibe como una herramienta opcional o experimental, y no como un recurso pedagógico con intención clara. A ello se suma que los procesos formativos en IA son liderados mayoritariamente por la dirección (50 %) y, en menor medida, por la coordinación académica (21 %), mientras que la figura del asesor pedagógico-tecnológico aparece prácticamente ausente y un 11 % de instituciones declara no contar con un liderazgo definido. Esta configuración evidencia un liderazgo directivo activo, pero también la falta de una estructura técnica especializada que acompañe de manera sostenida la integración pedagógica de la IA.

Esta necesidad de soporte se ve reforzada cuando se analizan los apoyos que las propias instituciones consideran prioritarios para avanzar en la integración de la IA. Lejos de demandar exclusivamente más herramientas, la principal necesidad identificada es la formación pedagógica (68 %), seguida de los recursos tecnológicos (43 %) y del acompañamiento técnico (29 %). En menor proporción aparecen el tiempo para experimentar y los lineamientos éticos, lo que sugiere que, si bien existe conciencia sobre la importancia de la ética, la urgencia actual está puesta en comprender cómo integrar la IA con sentido didáctico y coherencia curricular.

Las visiones expresadas sobre la escuela del futuro con IA permiten cerrar el análisis con una mirada profundamente reveladora. Las respuestas no proyectan una educación automatizada ni deshumanizada, sino una escuela más innovadora, eficiente y, paradójicamente, más humana: una institución donde la IA reduce la carga burocrática agiliza procesos administrativos y libera tiempo para que los docentes puedan centrarse en la interacción personal, la atención a la diversidad y la formación socioemocional. Conceptos como “técnicamente humana”, “más centrada en el alumno” o “escuela transformadora” sintetizan una expectativa compartida: que la IA no sustituya el sentido educativo, sino que lo potencie.

Conclusión

El análisis de los resultados permite concluir que la educación privada se encuentra en un momento bisagra frente a la inteligencia artificial. Existe apertura, interés y una percepción mayoritariamente positiva, tanto en la gestión como en lo pedagógico. Sin embargo, la adopción aún es desigual, reciente y, en muchos casos, dependiente del impulso de personas concretas más que de sistemas institucionales consolidados.

El desafío central no es incorporar más herramientas, sino construir una gobernanza clara de la IA, con liderazgo distribuido, formación docente pertinente y criterios éticos compartidos, pero sobre todo con un Plan Digital que oriente el proceso de transformación digital. Del mismo modo, el reto pedagógico no es producir más con IA, sino enseñar mejor, diseñando experiencias de aprendizaje donde la tecnología amplifique el pensamiento, la reflexión y la atención a la diversidad.

En definitiva, los datos analizados muestran que la IA ya está presente en los colegios privados; la pregunta que queda abierta es si será una suma de iniciativas aisladas y personales o una transformación educativa consciente, planificada y profundamente humana. Esa decisión, más que tecnológica, es pedagógica y directiva.

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